Charlas con Jurt

Jurt es un cachorro de perro peruano, adoptado en Trujillo por el detective Rossend Llopis. Afincado en nuestro país, repasa la actualidad y reflexiona sobre temas de siempre. Una vez a la semana publico estas conversaciones.

Escric poc

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Si escric bastant menys que de costum és només per un motiu: he tornat a treballar, però amb unes condicions físiques tan mermades, que les poques energies que tinc les he de destinar als que em paguen. Però no puc estar-me de dir el que va passar l’altre dia, quan vam anar al parc amb el meu fill. El Manu xutava una pilota del Real Madrid que li ha regalat el seu avi. Uns nanos van fer una burleta, i li cridaven “merengue” (més en broma que una altra cosa). Em vaig encarar i, aparentant estar més més enfadat del que estava, els vaig aclarar contundentment que el Manu era del Barça. “I la pilota?”, em senyalen. “Tu què faries?”, els vaig respondre, “donar-li patades a l’escut del teu club?”. Es van callar, i per la seva expressió, diria que les vendes de pilotes amb l’escut del Madrid pujaran els propers dies.

Nota de mitja nit

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Això de tornar a treballar té coses positives. Poques, perquè om deia un amic, “si será malo trabajar, que te pagan…”. Però, ja que s’ha de fer, buscarem la part bonica. Una de les coses que m’agraden és poder tenir una estona lliure a mitjanit, tot esperant el material que ens falta per tancar la revista que sortirà dimecres. I que, òbviament, no puc avançar. Haureu de comprar el Lecturas. O no, vés a saber. S’hi està be a la redacció, ara. Poca gent, tranquils… En fi, ja us explicaré més bé un altre dia. O una altra nit.

Em podia haver estalviat aquest post, on no dic res. Gràcies per llegir-me també quan no dic res.

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Ai, sordera

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A més de la mala mecanografia, l’altra autora de moltes de les paraules que aqui surten és la meva sordera. Estava escoltant l’altre dia en Puyal, un plaer que no puc practicar massa sovint. Era abans del partit amb el Rubin. Anava cap a casa, i de camí sempre toca, o Catalunya Ràdio, o la Cadena Ser. Si és hora de futbol, m’estimo més el Quim. Fora d’hores de futbol, també me l’estimo. Sabeu què em va dir el primer dia que ens vam veure? Em va dir que… No, ho diré un altre dia. El que deia, la sordera em va fer entendre el següent. “…era president de la Caixa B…”. No sé a qui es referia, vaig pensar que parlava del Millet. Però no, es referia al president de la KGB.

Més tard, parlava del “poder evocador de la música”. Es clar que amb el soroll del trànsit, vaig convertir-lo en el poder abocador de la música. Es que n’hi ha per llençar-la a les escombraries.

Per cert, parlant de música i escombraries. Sabeu que el Ramoncin ha denunciat El Jueves per uns videos penjats a You Tube. I diu: “Lo siento porque me parto de la risa con los de El Jueves, pero hasta aquí podíamos llegar”. Es clar, “se parte” quan el subjecte de l’acudit és un altre.

Fa temps, el Ramon va gravar un episodi d’una sèrie de TV3. En els descans ens feia de “triler”, no havia manera d’encertar on era la boleta. Ho feia de bé… Per si de cas, no rigueu, no sigui cosa que em tanquin el blog.

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Macarrones…

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Entro en un bar donde anuncian como plato del día macarrones cuatro quesos y nueces. Entro, lo pido, y espero, leyendo un libro. La cerveza, también pedida al mismo tiempo, llega, fresquita y agradable. Los macarrones, no. Pasan quince, veinte minutos, nada. Empiezo a inquietarme. ¿Les habrá pasado algo? ¿Habrán tenido un accidente? No, me contesto, lo sabría, hubieran llamado. Quizás se ha extraviado uno de los cuatro quesos y lo están buscando los otros tres. Puede ser también por el ruido que había en el bar, repleto de gente. Y ya se sabe: mucho ruido, pocas nueces. A la media hora atino a pensar que quizás el cocinero no quiera interrumpir mi lectura, así que cierro “El antropólogo inocente”, que estoy releyendo, y adopto una postura de “estar dispuesto”. Me abstengo de empuñar tenedor y cuchillo. Simplemente acerco mis manos a los cubiertos, casi rozándolos. Pues, por mucho que cueste creer, era eso: no querían interrumpirme, porque a los quince minutos de cerrar el libro y mantenerme firme en mi postura ya tenía ante mí unos macarrones listos para comer. Por suerte, había pocos, con lo que he tardado sólo cinco minutos en acabarlos y he podido llegar puntual al trabajo.

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Así lo veo yo…

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Cuesta definir a alguien que ya no está entre nosotros. Más si es un ser querido de alguien que es a su vez un ser querido. Hablo de mi suegro. Sería fácil decir que era un santo. Media línea, tres palabras y ya está. Pero no es cierto. No era un santo. Ahí radica su mérito, su virtud. Siendo sólo una persona, lo difícil era pasar por donde pasó sin herir a nadie, vivir como vivió sin labrarse enemigos, dejar a su muerte solo respeto, afecto, admiración entre los que lo conocieron. Desde los que le vieron llegar con quince años a Trujillo (estamos hablando de Perú) desde la sierra, sin  más capital que sus manos y su ingenio, hasta los que lo despidieron setenta años más tarde, con una fortuna llamada familia, con nueve hijas que le dieron quince nietos y un biznieto. El biznieto, tres años, pedía ayudar a llevar el féretro que portaban su padre y sus tíos. Una imagen que resume mejor que mis palabras como era mi suegro. Antes de ser incinerado, su féretro pasó por el Concejo de La Esperanza, junto a Trujillo. Su alcalde dedicó unas palabras de elogio a quien tanto hizo por el municipio. Julio Miranda Murrugarra fue alcalde de La Esperanza a principios de los 70. En su legislatura hubo un terremoto. Repartió hasta no poder más mantas entre los que se habían quedado sin casa, reclutando a familiares y amigos para que le ayudaran. Aún hoy lo recuerdan. En mi visita a la Huaca del Arco Iris, el año pasado, me lo indicó el alfarero al que le compré algunas cerámicas de recuerdo. Señaló a mi suegro y me dijo: “Ese señor fue alcalde de La Esperanza”. Lo decía contento de haber vivido junto a él esa época. Una época en la que los alcaldes no cobraban. Mi suegro murió con los ahorros justos para pagarse el entierro. ¿Pobre? No, rico. Inmensamente rico. Porque pocos tienen lo que tuvo él: una familia que lo quiso y lo querrá mientras permanezca en la memoria. Y no van a ser dos días, a papá Julito no se le puede olvidar fácilmente.

Todo esto no es un escrito para elogiar a mi suegro, que ya saben los que lo saben de mi afecto por él y tampoco puedo descubrir nada que no se sepa ya. Es para retratar lo pobres que son otros alcaldes a los que no cito en este post por lo miserables que son. Pobres a pesar de fortunas amasadas expoliando su municipio. No los cito para no ensuciar este escrito. Pienso -ingenuamente- que si lo hubieran conocido quizá no se atreverían a hacer lo que hacen. Pero ya digo: soy un ingenuo.

La contra, de La Vanguardia

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Me gusta casi siempre esta sección. Pero hoy, 6 de noviembre, especialmente. La recomiendo, aunque, por favor, si la leéis, leedla entera, no os quedéis con las dos primeras líneas, que son estas:

-Ocho años de investigación, ¿cuál es su conclusión?

Vivimos en un mundo donde las personas importan muy poco.

Pues vaya manera de malgastar el tiempo. Eso ya lo sabemos. No, en serio, lean que vale la pena. Compren un ejemplar, o lo ojean en el kiosco o lo leen en internet, lo que quieran.

Enlace la Contra de  Vanguardia

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A quién le importa?

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No entiendo, la verdad, tanto miramiento a la hora de detener a los presuntos delincuentes de altos delitos económicos. Dicen que no está bien “la pena del telediario”. Hace poco, en el ICAM (Institut Català d’Avaluacions Mèdiques) en Barcelona, entró un señor, esposado y acompañado por dos policías: Mossos. ¿a quién le importaba lo que pensáramos de él los presentes? Días deswpués, lo mismo, en un avión Madri Lima. Ante 800 pasajeros, un detenido que quizá no era culpable da nada en el aspecto que aún no estaba condenado.

De Millet, Prenafeta, Alavedra y Muñoz se cansan de decirnos en la prensa que son inocentes. Sí, pero con un matiz. Ellos son sospechosos de haber cometido un delito, que la justicia determinará. No pueden estar en el mismo saco que un inocente que además no es sospechoso de nada. Su inocencia no es la misma que la mía. ¿Por qué, si no, van a ser juzgados? Sé que tardará en saberse la sentencia, que quizás no llegue nunca, o si llega, quizá se demuestre que son inocentes. En ese caso, que denuncien a la Guardia Civil por haberlos esposado ante las cámaras. Mientras, no culpemos a la Guardia Civil por hacer su trabajo.

Otra cosa. Escucho hoy que Millet no sólo pasó al Palau la factura de la boda de uno de sus hijos. Además, le cobró a su consuegro la mitad del convite. O sea, le salió gratis, y también hizo negocio. Muy cutre, si es cierto.

Inflamaciones

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Últimamente se nos inflaman a muchos determinados órganos, ante la desvergüenza de muchos. A una amiga/compañera, ante la imposibilidad de que se le “hinchen” los testículos, y también porque es educada y culta, se le ha inflamado la faringe. Pero de tanto reprimirse los gritos contra los fulanos que un día sí y otro también inundan las páginas de los diarios con sus pillerías. Así que la palabra nueva es: faringritis.

la amiga/compañera es Mara

Otra. Al fantasma del Palau habría que llamarle Pillet, no Millet.

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