Monthly Archive for June, 2008

Convocatòria Narrativa Breu i Còmic Víctor Mora

No només penso participar en aquest concurs -serà el primer- sino que us animo a enviar-hi les vostres obres. Això sí, si pot ser, pitjor que la meva. No, no, si és pitjor que la meva no cal que l’envieu. Convocatòria (en format PDF).

Rediseñando el Porsche

Los que me conocen saben que soy multitareas. Recientemente me han hecho un encargo muy especial. Un alto directivo de Porsche me ha encomendado que rediseñe el 911 para reactivar las ventas de este modelo. Después de analizarlo detenidamente he encontrado algunos de los puntos mejorables. Yo elevaría la altura de los asientos, para mejorar la entrada y la salida del vehículo. También ampliaría la zona posterior,  trasladando el motor a la parte delantera. Y la transmisión, con lo que se abarataría el coste de fabricación y de venta. Modificaría el diseño delantero para ganar aún más espacio interior. Para ello reduciría el tamaño del motor, a costa de disminuir la potencia (que le sobra). Con estas modificaciones ganaría espacio también para el maletero. Le pondría unos neumáticos más estrechos y una carrocería más elevada. El resultado final me ha salido un poco futurista pero creo que a la larga se impondrá mi proyecto. Aquí podéis verlo.

Tiempo de crisis (II)

Escribo la segunda parte de Tiempo de crisis, aunque deebería haberla escrito antes de Tiempo de crisis (I). Pero entonces ya no sería la II. En fin, un lío, así que vamos a dejarlo. Hace un mes, mi cuñado por parte de hermana, él único que tengo (mi hermana es muy fiel y tiene sólo un marido), me propuso acompañarlo a Perpignan para hacer unas gestiones y de paso comprar algunas cosas en el equivalente francés de Makro, que allá es Metro (aquí lo veis) por razones parecidas a la que hizo que Mitsubishi llamara Montero su modelo Pajero. Lo contaremos mejor: makro, en francés, se pronuncia macró, y así llaman también a los que viven de las mujeres (y no me refiero a Llongueras ni a Josep Pons, por supuesto).

Ahora empieza la historia. Accedí a la propuesta de Enrique (mi cuñado, por si no os acordáis) con la idea de ahorrar algo de dinero. Como estamos en crisis…

Él salía de Barcelona y yo de Llavaneres, así que descartamos ir en un solo coche. Acordamos encontrarnos a medio camino, en una estación de la autopista, con acceso desde los dos sentidos de la marcha. Así, a la ida yo dejaba mi coche y a la vuelta lo recogía. Salió mal porque me la pasé y al final nos encontramos en La Jonquera, a 130 km de mi casa. Bueno, el gasto extra de gasoil y peajes ya lo recuperaré con las compras, pensé. Y efectivamente, en Perpignan fuimos a Metro y también al Auchamp. Compré varias cajas de vino (para ahorrar), quesos, chocolates, mantequillas y preparados para pasteles (Alsa, para más señas).

De regreso tuvimos una idea casi al unísono, lo que dice mucho de la sintonía entre mi cuñado y yo. ¿Y si paramos a comer?, nos preguntamos. Como daba la casualidad que eran casi las tres nos detuvimos en un restaurante cercano: el Hotel Empordà, con un restaurante excelente, que conocemos desde hace tiempi. Como estamos en crisis pedimos menú: unos canalones deliciosos y merluza -mi cuñado- y yo bacallà a la muselina d’allioli  más postres -sí, sí, en plural: tarta tatin, requesón con mermelada de naranja y unas galletitas-. De bebida, cervezas y agua, y cafés para los dos. Total, 100 euros más propina -merecida, un servicio atento y eficaz-.

Que a gusto se queda uno después de comer bien y, sobre todo, después de una jornada en la que, si contamos todas las compras, ahorramos unos siete u ocho euros. Cada uno.

¿Inventada?

A veces pienso que no me invento las palabras, que existen realmente y que sólo las adopto, porque ellas no saben escribirse. Pero existen. Como esta.

Solhilaridad. Variante de solidaridad, mucho más creíble y común hoy en día. Porque es una solidaridad que da risa. Una risa triste y amarga.

Creo que soy solidario, pero lo que me gustaría es ser

Solidiario. Solidario cada día.

Palabras híbridas

Hija de dos verbos, esta palabra podría residir en el Real Diccionario. Otras más feas aparecen ¿no, Cris?

titutear. Dudar entre aplicar uno u otro tratamiento a la persona a quien nos dirigimos.

y otra, más malsonante, pero cierta y real.

titumear. (verbo masculino). Vacilar en el momento de orinar, con resultados catastróficos para el suelo del baño, y la consecuente y justa reprimenda posterior.

Marca de cotxe

Fa pocs dies, a l’autopista, el cotxe que circulava davant meu -a 80, comés preceptiu-, portava just al damunt del gravat de la marca un peix cromat. El model era un 407; la marca, potser no cal dir-la, un “peixot”.

Mai sabré si aquest joc de paraules és meu o del propietari del vehícle.

Mi hijo ya escribe

Mi hijo, con cuatro años recién cumplidos, ya escribe. Como su padre, que soy yo. Sus primeras palabras, escritas en la pantalla del ordenador, han sido estas:
pocfop`sksv’90oopºººººººdrmd ytythhgffezb.  Como veréis, tiene un estilo que recuerda muy mucho al mejor Milan Kundera (en versión original, por supuesto) aunque las y griegas son claramente Saramago en estado puro.  Que estas palabras las haya escrito sobre el nombre que finalmente he perdido, porque no se me abre con ningún programa, no importa mucho.

Fiesta infantil

Hoy hemos disfrutado de una mañana de teatro, mi hijo y yo. Bueno, a medias. La obra, a mi juicio demasiado larga y algo difícil de entender, iba de una chica que la echan de casa y se va a vivir con siete barbudos mineros (lo digo porque iban con picos y palas). A mitad de la obra aparece una vendedora de frutas que le ofrece una manzana a la protagonista, que se la come sin pelar y sin lavarla. Y claro, cae fulminada probablemente a causa de los productos químicos que le han echado. Aclaro que es una obra clásica, y que por tanto lo de los productos químicos en la manzana no tiene nada que ver con Ferran Adrià. Son los abonos típicos de siempre. En fin, que eso, que cae fulminada. En ese momento, a mi hijo le ha dado por tener ganas de hacer pipí y hemos tenido que salir del teatro. Y me he quedado sin ver el final. Pero no os inquietéis. No voy a dejaros a medias. He tenido la feliz idea de regresar al teatro y a la salida preguntar a la mamá de la protagonista. ¿Cómo está tu hija? me he interesado, por si se la habían llevado al hospital (de Mataró). La mamá en cuestión debió recordar algo gracioso en ese momento porque se echó a reír, por lo que supuse que lo de su hija no era nada grave. Más tranquilo le pregunté a otro de los espectadores por el final de la obra y me contó que viene un príncipe y al besarla recobra la vida la protagonista. Bueno, muy poco creíble, pero al fin y al cabo era una obra para niños. Un poco de fantasía ya va bien.

Tiempo de crisis (I)

Hace meses que vengo avisando (a mi esposa, sobre todo): se avecina una crisis importante. Hay que reducir despilfarros (no eliminarlos absolutamente). En fin, en esa línea estamos. Hoy, por ejemplo, he hecho una compra que me ahorrará mucho dinero. He comprado una barra en un material plástico que se pega a la pared de la plaza de parking y evita que ralles los parachoques del auto. He querido instalarlo inmediatamente, no sea cosa que, imáginate que ahora le doy un golpe y se me fastidia el ahorro. Con las prisas he olvidado bajar un bolígrafo o algo para señalar la altura donde tenía que pegar la barra. Hombre de recursos que soy, he pensado que si le daba un golpecito con el coche sabría exactamente dónde colocarla (empirismo, no?). Pues eso he hecho, pero tan suavemente que con la exigua iluminación no he podido ver la señal. A la segunda intentona ya ha funcionado mejor. Sólo he tenido que volver a subir a casa para recoger un poco de cemento, yeso y pintura. Mañana, cuando se seque todo, pegaré la barra protectora. Y además, como estamos en crisis, no pienso reparar el paragolpes delantero del coche, que al final me pasé un poquito con el golpe. Con un rollo de cinta kraft adhesiva ya me apaño para sujetarlo a la carrocería. Ah, me olvidaba. La barra sólo cuesta 8,45 euros en AKI. Lo digo por si queréis comprar una.